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La Coronilla, balneario Top hasta los 80

La Coronilla, balneario Top hasta los 80

Estábamos en la tan conocida, Punta del Diablo, y decidimos ir a visitar algunos de los balnearios que se encontraban en los alrededores con nuestros nuevos amigos Livia y Maarten. Al final este se acabó convirtiendo en uno de esos lugares que solo piensas pasear un ratito por su playa y te acabas quedando más de una semana.

Livia y Maarten, disfrutando las vistas desde el muelle destruido.
Livia y Maarten, disfrutando las vistas desde el muelle destruido.

¿Que tenía este lugar para que nos atrapase? Mucho, pero sobre todo sus locales y su historia.

La Coronilla fue uno de los balnearios más Top entre los años 50 y 70 ya que la temperatura de sus aguas era mayor que las de las otras playas de Rocha y contaba con una pesca que llegó a estar entre los 10 mejores del mundo. Pero, un día el ingeniero Luigi Andreoni decidió ampliar el canal donde se drenan al océano Atlántico todas las aguas sobrantes de las cosechas. La playa de La Coronilla empezó a recibir agua dulce con barro, animales muertos y ramas al igual que la pesca fue desapareciendo.

Actualmente la cifra de turistas es menor que en los balnearios colindantes, pero poco a poco va aumentando. Mucha gente prefiere venir por tener precios más bajos, estar más tranquilos y sentirse seguros.

Justo llegamos a su destruido embarcadero, cuando un chico en moto se nos acercó a preguntar por nuestra América. El es Martin(cho) y su sonrisa permanente. Podemos decir que será nuestro hermano para toda la vida. Nos contó que estaba haciéndose un “lugar de encuentro – Barranco Beach Bar” para los amigos y que pasaramos si nos apetecía, que era un lindo lugar. Nos quedamos maravillados del lugar, tan cerca de la ciudad pero tan solitario y tranquilo a la vez.

Martincho Rider
Martincho Rider

Le comentamos que habíamos roto el parachoques de América, y sin dudarlo, él junto con sus amigos, sacaron sus herramientas y empezaron a arreglarlo. Teníamos la sensación de que realmente éramos del lugar y que nos conocíamos de toda la vida, era una de las primeras veces que no nos sentíamos como “gringos”.

Le dijimos a Martincho si podíamos dormir allí y sin dudarlo es nos dijo que por supuesto, mejor para el. Compartimos unos días ayudándole (entre risas y cervezas) con su “Barranco Beach Bar” a la misma vez que cada noche cocinamos en el fuego algún plato típico uruguayo como asado, puchero campestre o pescado.

Pero no solo fue él quien nos acogió como si fuésemos de la familia. También Darwin y su chica que nos invitaron a casa para comer con la familia. A Daniel que nos contó algunas cosas que no sabíamos sobre Mujica y nos regaló nuestra bandera uruguaya. Gregorio, un excepcional peluquero, que dejó a Carmen más guapa de lo que ya estaba mientras nos dedicaba una canción popular en la radio. Pato, que nos habló sobre su forma de cultivo orgánico. Y por último, José, es el tipo de persona que no tiene nada pero te lo da todo y trabaja de lunes a lunes para tener una vida digna, pero eso sí, siempre con una sonrisa en su cara y un gran sentido del humor.

Aunque solo los conocíamos de una semana fue complicado dejar aquel lugar, llevábamos meses lejos de nuestra familia y ellos nos hacían sentir parte de su familia.

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