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A través de la Ruta 1

A través de la Ruta 1

Llegó el momento de partir y empezar nuestra RUTA. Fue difícil decir adiós a esas grandes personas que nos acogieron como si fuésemos de la familia.

No teníamos un punto fijo donde dormir esa primera noche, sólo sabíamos que nuestra meta para los próximos días era llegar al final de la Ruta 1, llegar a Encarnación.

 Parecía que Asunción no quería que nos fuésemos. A cada Km que recorríamos, más intensa era la lluvia. Estábamos tan concentrados viendo como América reaccionaba a su primer largo viaje, a la intensa lluvia y al agua que nos entraba por las ventanas, que ni nos dimos cuenta que estábamos rodeados de naturaleza y vacas pastando. Desde lejos un rayito de sol iluminaba Villa Florida, así la elegimos para pasar los miedos de esa primera noche.

La lluvia no cesó durante horas
La lluvia no cesó durante horas

Cuando llueve en Paraguay la gente no sale mucho de casa. La ciudad parecía vacía, pero con cada rayito de sol nos encontrábamos a alguien con quien conversar. Fuimos a preguntar a el pequeño cuartel de policía donde podríamos estacionar y ellos nos ofrecieron que nos quedáramos allí, en la parte de atrás de la oficina tenían un montón de espacio que podíamos usar. La verdad no lo pensamos mucho, ya que aún llovía a ratos y la luz empezaba a escasear.

Villa Florida, es un pequeño pueblo muy frecuentado en verano, tiene algunas playas llamadas “Paraíso” y “Caracol” a orillas de río Tebicuary. Como aún era invierno sólo había algunos lugareños pescando. Toda la gastronomía de este lugar está especializada en el pescado más típico de Paraguay, el surubí. Se puede encontrar cocinado en forma de milanesa, grillé, a la napolitana, en sopa, etc.

Estuvimos un rato hablando con los agentes de la policía y nos contaron que el mayor número de accidentes que hay en el pueblo, es por causa de que alguna vaca ha chocado con un auto o se ha metido en la casa de algún vecino. Nos encanto la simplicidad de aquel lugar.

El sonido de la lluvia en la chapa nos hizo dormir como niños pequeños. Por la mañana tomamos rumbo a lo que sería nuestro próximo destino, Coronel Bogado, la ciudad de las Chipas.

Carmen está adicta a las Chipas, ¿sería otra señal del destino para quedarnos allí a dormir? Parecía un pueblo bastante tranquilo y con muchas zonas verde. En nuestro primer recorrido nos encontramos con el cuerpo de Bomberos Voluntarios de coronel Bogado, y vimos que tenían bastante espacio donde estacionar, así que le preguntábamos si podíamos pasar la noche con ellos. Todo el equipo era encantador. Nos contaron sobre como funciona el servicio de bomberos en todo Paraguay. Son personas admirables, trabajan de forma voluntaria para ayudar a sus comunidades.

Les dijimos que si necesitaban algo podíamos ayudarlos sin ningún problema. Por la mañana el teléfono sonó un par de veces, en una de ellas nos pidieron que si el teléfono sonaba que lo contestásemos porque tenían que irse todos a una emergencia. Por suerte no sonó, sino tendríamos que salir pitando con nuestra América a salvar vidas.

Desde allí sólo nos faltaban unos pocos Km hasta llegar a nuestra meta de los últimos días, Encarnación. Nos aparcamos en el “Colonial Hostel” cerca de la costanera. Esta ciudad hace frontera con Posadas (Argentina) y sobre el río se ven unas puestas de sol espectaculares.

El Hostel estaba en pleno centro, a unos minutos caminando llegábamos a la catedral. Está se terminó en 1938 y todos sus ladrillos fueron traídos desde Areguá en ferrocarril, cuando aún funcionaba. Por la noche, cuando la catedral está iluminada, nos resultó muy gracioso que las cruces de sus torres parecen dos piñas.

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